Cuerpo popular, cuerpo individual y cuerpo político

El concepto de cuerpo en el paso del Renacimiento a la Modernidad y sus cambios en relación a la racionalidad política y la visión antropológica

Emiliano Martín Aci (IES Nº1 Dra. Alicia Moreau de Justo)

wndws.en@gmail.com

Resumen

El paso del Renacimiento a la Modernidad plantea una serie de cambios radicales en lo que concierne a la concepción del cuerpo. El cuerpo popular medieval se fragmenta  ontológica, antropológica y epistemológicamente, dando así paso al surgimiento del concepto de cuerpo individual, noción clave para el desarrollo de la cultura y la episteme moderna. Como efecto de esta fragmentación, de esta individualización, el cuerpo será aprehendido desde la anatomía y la biología. Convertido en objeto de estudio de estas disciplinas y en estrecha relación con la emergente racionalidad moderna, el cuerpo será entonces un suceso apresado por donde se deslizarán  nuevas técnicas de control y de disciplinamiento. Un nuevo cuerpo político, asunto exclusivo del control gubernamental y el poder estatal.

Palabras clave: Modernidad – Estado – Cuerpo – Fragmentación – Factor de individualización  - Anátomo y Biopolítica.

Abstract

The passage from the Renaissance to Modernity raises a series of radical changes in what concerns the conception of the body. The medieval popular body is fragmented ontologically, anthropologically and epistemologically, giving way to the emergence of the concept of individual body, a key notion for the development of modern episteme and culture. As an effect of this fragmentation, of this individualization, the body will be apprehended from anatomy and biology. Become the subject of study of these disciplines and in close relation with the emergent modern rationality, the body will then be a captured event where new techniques of control and discipline will slip. A new body politic, exclusive subject of governmental control and state power.

Keywords: Modernity - State - Body - Fragmentation - Factor of individualization -Anatomo and Biopolitics.

Introducción

 

En esta breve presentación intentaré reflexionar acerca de los conceptos de “cuerpo popular” y “cuerpo individual” planteados por Le Breton en “Antropología del cuerpo y modernidad”, con el fin de analizar cómo se relaciona el paso de uno al otro vinculado al cambio en la racionalidad política de los siglos XVII y XVIII. Desde la óptica que Michel Foucault realiza a propósito del análisis genealógico del surgimiento de la ratio moderna como el desarrollo de una nueva forma de gubernamentabilidad, buscaré establecer algunos puntos paralelos basados en lo que Foucault llama: el paso de una teocracia, fundada en un “gobierno de las almas” que ejerce su poder a través de la muerte y el castigo punitivo, a una somatocracia, un “gobierno de los cuerpos” que aplicará todo un aparato de técnicas de control sobre la vida de las personas a través de la individuación de los cuerpos y la anatomización del hombre.

 

A propósito del “derecho de vida y muerte”

 

Al hablar degobierno de las almas no estamos haciendo referencia a la idea de que no hay cuerpo, ni mucho menos que la estructura de poder medieval prescindiera de los cuerpos para ejercer su dominio sobre la población. Por el contrario, es a nivel del cuerpo individual y popular de la sociedad medieval donde se imprimían las prerrogativas del poder real y la idea de que el cuerpo individual de los pobladores pertenecía al poder del Estado monárquico, a fuerza de un poder establecido por un sistema de derecho basado en la soberanía real sobre la vida y la muerte de los individuos. Sin embargo, al hablar de gobierno de los cuerpos nos referimos, siguiendo a Foucault, a una forma distinta de concebir este derecho soberano sobre la vida y la muerte que fue conformándose y modificándose a medida que nos acercamos al Renacimiento y a los múltiples procesos de cambio social, político, cultural, antropológico, característicos del paso de la Edad Media a la Modernidad. A propósito del derecho soberano sobre la vida y la muerte, Foucault observa que la razón moderna no va a producir un nuevo concepto respecto de este derecho de soberanía, pero sí efectuará una inversión en la ejecución práctica de dicho derecho. Durante el Medioevo y el Renacimiento, el soberano ejercía su derecho de vida y muerte sobre los individuos solo al nivel de dar muerte, como un “derecho de espada”, un principio por el cual se justificaban todas las prácticas de los suplicios para la dominación del cuerpo popular. Es a través de la amenaza de muerte y el cargo de parricida a todo sujeto considerado criminal, que se visibiliza que el cuerpo y los cuerpos son una propiedad del rey. Más tarde, con el advenimiento de los primeros juristas modernos de los siglos XVII y XVIII, el concepto teórico de este derecho sigue siendo en esencia el mismo, con la pequeña gran diferencia que, en el nivel práctico del principio, ahora el foco se pondrá en el derecho soberano sobre la vida de los individuos más que en el derecho a matar del viejo modelo monárquico, es decir, sobre el control político y estatal del cuerpo como entidad biológica de la cual el Estado debe hacerse cargo de moldear, mantener y preservar. Al respecto, afirma Foucault:“si el viejo derecho de soberanía consistía en hacer morir o dejar vivir, el nuevo derecho será el de hacer vivir o dejar morir” (Foucault, 2006: 194).

Por su parte y desde una perspectiva antropológica, Le Breton plantea que a partir del desarrollo del individualismo y el surgimiento de la modernidad burguesa se produce una importante “mutación antropológica” en la cual el cuerpo es separado, escindido del concepto de hombre, pasando a ser un “resto” del mismo, una propiedad del hombre pero ya no su esencia. Este cuerpo individualizado será redefinido por la anatomía, convirtiéndose en objeto de estudio disociado del hombre y estableciéndose como realidad autónoma. Entre los siglos XVI y XVII, desde el desarrollo de una racionalidad moderna aún incipiente, se buscó fundar una figura anatómica objetiva y científica del cuerpo humano, que plantea además una transformación fundamental en la distinción del cuerpo y la persona humana a nivel ontológico, la cual culmina con la “invención del cuerpo en la episteme occidental”(Le Breton,1995: 49) objeto de conocimiento y control en manos de la ratio moderna. A este proceso de individualización se refiere Foucault cuando habla de “sujetos dóciles y fragmentados”; fragmentados por esta escisión que se realiza entre el hombre y su cuerpo, dóciles porque todo este nuevo aparato de conocimiento e institución del cuerpo como objeto exclusivo del estudio científico moderno supone una apropiación, un empoderamiento de los cuerpos en base a la racionalidad científico-política de la estructura de poder que se desarrollará entre los siglos XVII y XVIII.

A partir del cambio antropológico que supone un giro en la visión ontológica del hombre y del mundo, Le Breton nos dice que la “trama cultural se transforma casi por completo. Los sectores dirigentes comienzan a combatir las tradiciones populares, la sujeción de la cultura a la teología se va diluyendo poco a poco, abriéndose “el camino a una secularización de la mirada sobre el mundo y a una creciente búsqueda de racionalidad que se extiende hasta el día de hoy” (Le Breton, 1995: 49) . Esta búsqueda de racionalidad, entonces, es una tendencia que a partir del siglo XVI, comienza a abarcar todos los ámbitos de la vida humana. Junto a la producción del conocimiento anatómico y biológico del cuerpo, también se racionalizará la política, la cultura, la estética, la ética, la salud y toda dimensión a la que la racionalidad moderna pueda alcanzar desde sus juicios y parámetros como emergente sujeto de saber y de poder en la cultura occidental. De esta manera, Foucault no sólo nos habla de que en relación al cuerpo hubo una mutación antropológica que lo convierte en un resto, una mera máquina biológica, sino que este concepto además se extiende a los términos de una racionalidad política, es decir, que el cuerpo pasa a ser un asunto de Estado. El cuerpo como resto, el cuerpo máquina, escindido del hombre y fragmentado de la persona humana, se convierte en un objeto de saber por parte de la anatomía y la biología, pero además, en un objeto que le concierne al poder político, es decir, que se transforma en un deber de Estado, debido a que la vida y la utilidad de los cuerpos ahora responden a asuntos económicos y políticos que deben ser regulados y definidos desde el aparato de poder del Estado, el cual comienza a hacerse cargo de la salud, el cuerpo y la vida de la población.

Así tenemos que a partir del siglo XVII se produce también una profunda mutación política en la lógica operatoria del poder, la cual ya no pondrá el énfasis en la amenaza de muerte por parte del poder real a través del castigo, la brutalidad de los suplicios y flagelaciones públicas del cuerpo individual del “criminal” con el fin de adiestrar al cuerpo popular,sino que, bajo el mismo sistema de derecho, el énfasis de la racionalidad política se concentrará en regular la vida de los cuerpos.

En la Edad Media y hasta el Renacimiento la forma más positiva de ejercer el poder fue bajo un sistema en el cual cualquier acción considerada criminal era equivalente a un regicidio y, por lo tanto, recibía como castigo la muerte a manos del verdugo en la plaza pública. Los suplicios medievales fueron una forma punitiva, visible y aplicada directamente al cuerpo del individuo “criminal” como demostración del poder que el rey ostentaba sobre el cuerpo popular y de los individuos. A partir de la creciente racionalización del poder, de la conceptualización del cuerpo como una máquina biológica y el surgimiento del individualismo como un lugar de privacidad, las técnicas de control y dominación de los individuos fueron pasando de un lugar público y abierto, a un lugar privado, oculto e invisibilizado. Estas prácticas poco a poco dejaron de ser punitivas para convertirse en púdicas, ajustándose a un sistema de poder basado en la aplicación de una racionalidad que divide lo correcto de lo incorrecto, lo normal de lo anormal, lo racional de la “locura”, lo legal y lo criminal, la salud y la enfermedad. De esta manera, en la modernidad se lograron invisibilizar las prácticas de dominación y normalizar a la sociedad en base a parámetros establecidos, ya no con el fin de matar y destruir el cuerpo para ejercer la dominación, sino basadas en un poder más sofisticado que se aplica al nivel de la vida de las personas y de sus cuerpos, a través del establecimiento y la institución de la razón moderna como normalizadora de lo moral, lo político y lo biológico.

 

Biopoder: Anatomopolítica y Biopolítica

 

“El hecho de que la crítica política haya reprochado al Estado que sea simultáneamente un factor de individuación y un principio totalitario resulta muy revelador. Basta observar la racionalidad del Estado naciente y conocer cuál fue su primer proyecto de policía para darse cuenta que […] el Estado fue a la vez individualizante y totalitario. Oponer al Estado por tanto el individuo y sus intereses es tan aventurado como oponerlo a la comunidad y sus exigencias […] La individualización y la totalización son dos de sus efectos inevitables.

Michel Foucault “La vida de los hombres infames”

 

Según Foucault, el problema de la gubernamentabilidad a partir de la Ilustración tiene que ver directamente con el problema de la vida, gobernar un Estado será poner en práctica la economía de poder a nivel de todo el Estado, es decir, tener una forma de vigilancia, de control sobre los habitantes, de la población y de los cuerpos, no menos atenta que un padre de familia sobre su propia casa y sus bienes. De esta manera, el cuerpo, sus efectos y capacidades se transforman, como se afirmó anteriormente, en un principal objeto de poder para el óptimo control de los sujetos en lo social y en lo individual. A nivel de los cuerpos individuales, la anatomopolítica está basada en la disciplina como instrumento de control del cuerpo social, penetrando en él hasta llegar literalmente a sus átomos: los individuos particulares, anatomizados con el fin de producir cuerpos dóciles y fragmentados. El concepto de biopoder representa, entonces, una ratio específica de gobierno implementada a partir del siglo XVII. Se orienta  puntualmente a la gestión de los procesos biológicos de la sociedad, con el fin de obtener un control más profundo y exhaustivo de “lo viviente” en la población. De esta manera, la anatomopolítica buscará dominar la vida en la sociedad y regular, a través del disciplinamiento y la normalización, al cuerpo de la población.La intención de regular y controlar al cuerpo humano comprendido como una máquina biológica que es la materia prima que garantiza el movimiento de producción y de competitividad del mercado y como principal actor del orden, o desorden, de la vida social y política de la población. Las disciplinas del cuerpo y las regulaciones de la población son los ejes alrededor de los cuales se despliegan los mecanismos de poder sobre la vida entre los siglos XVII y XVIII. La anatomía y la biología, la emergencia del individuo separado del hombre y las tecnologías que lo encierran, dan cuenta de un poder cuya función ya no es matar, sino invadir la vida y los cuerpos en su totalidad. Por lo que esta modalidad de gobierno se aplica directamente sobre lo humano e imprime en el cuerpo todo el aparato de saberes y técnicas de poder que permiten concebirlo como una máquina; máquina que puede ser movilizada o paralizada según corresponda al orden social y al interés del mercado, acrecentando o disminuyendo sus aptitudes y cualidades a través de la educación de los cuerpos, el aprovechamiento de sus fuerzas, el crecimiento de su utilidad y docilidad y la integración a sistemas eficaces y económicos. También hay una relación entre la anatomopolítica y la figura del cuerpo como máquina, en tanto se apropia del cuerpo individual del obrero, del militar, del deportista. Máquinas biológicas en el entramado de la máquina social, cuerpos educados, alimentados, entrenados para ser funcionales y como restos y efecto de la urdimbre de la cuestión política y de la producción económica.

En “Nacimiento de la Biopolítica” Foucault nos habla del “mejor arte de gobernar”, de cómo la estructura regulativa y gubernamental del Estado comienza a fusionarse y a responder a los intereses de la lógica económica neoliberal, la cual debe garantizar no ya la regulación del mercado, ni el aumento de la producción y el consumo, sino más bien de los mecanismos de competencia mercantil, el movimiento del homo economicus, el hombre de la empresa y la producción. El hombre individualizado y normalizado por la ratio moderna se convierte en un sujeto atómico del continuo sistema de competencia del mercado, el cual es dócil y útil al modelo del “hombre empresa” que es construido bajo una lógica neoliberal caracterizada por la privatización de la seguridad social y el ideal de ser empresario de sí mismo. En este sentido el cuerpo individual queda atrapado en el continuo movimiento de la competencia, del flujo y reflujo regulado de la vida del cuerpo social, entendida y controlada desde la biopolítica siempre en términos colectivos, con fenómenos económicos y políticos solo a nivel de masa.

Si retomamos los conceptos de cuerpo popular y cuerpo individual, este modelo de gubernamentabilidad se aplica perfectamente a las dos dimensiones del cuerpo planteadas por Le Breton, la anatomopolítica se encargará de los cuerpos individuales en tanto máquinas biológicas y la biopolítica buscará regular a la población a nivel del cuerpo social o popular, entendido como el cuerpo biológico de la especie. Foucault nos dice que “el desarrollo en el siglo XVIII de la demografía, de las estructuras urbanas, del problema de la mano de obra industrial, hizo aparecer la cuestión biológica y médica de las ‘poblaciones’ humanas, con sus condiciones de existencia, de hábitat, de alimentación, con su natalidad y mortalidad, con sus fenómenos patológicos (epidemias, endemias, mortalidad infantil). El ‘cuerpo’ social deja de ser una simple metáfora jurídico-política (como la que encontramos en el Leviatán) “para aparecer como una realidad biológica y un campo de intervención médica” (Foucault, 1994: 209) que actúa a nivel individual (anatomopolítica) y a nivel social (biopolítica); el método de la primera es la disciplina de los cuerpos, el de la segunda la regulación de la vida humana en los ámbitos de la salud, la conducta y la productividad.

 

 

Bibliografía

 

Foucault, Michel, Ética, estética y hermenéutica. Trad. Ángel Gabilondo, Barcelona: Paidós, 1999.

Foucault, Michel, Genealogía del racismo. Trad. Alfredo Tzveibel, La Plata: Caronte, 2006.

Foucault, Michel, La vida de los hombres infames. Trad. Julia Varela y Fernando Alvarez-Uría, La Plata: Altamira, Caronte ensayos, 1996.

Foucault, Michel, Nacimiento de la Biopolítica. Trad. Horacio Pons, Buenos Aires: Fondo de Cultura Económica, 2007.

Le Breton, David, Antropología del cuerpo y modernidad. Trad. Paula Mahler, Buenos Aires: Nueva Visión, 1995.