El poder que cuenta

Diego Miguel Cimarosa (Instituto de Enseñanza Superior N°1 Dra. Alicia Moreau de Justo)

Cimarosa_diego@yahoo.com

 

Resumen

A lo largo de la historia, el poder político y eclesiástico utilizaron la representación como artefacto de propaganda. De la mano de las grandes construcciones, obras de arte y exposiciones públicas, intentaron cooptar adeptos.

Dentro de este marcos los protagonistas (comunidad, artistas y ministros de la Iglesia), le dieron a la representación un tinte propio, en donde el individuo y su criterio ofrecen un sentido propio y rupturista en la manera de propagar un mensaje proselitista.

 

Palabras clave: Relato - Representación - Cuerpo - Sujeción

 

Abstract

Throughout history, political and ecclesiastical power has used representation as an artifact of propaganda. With the help of large constructions, works of art and public exhibitions, they tried to co-opt supporters.

Within this framework the protagonists (community, artists and ministers of the Church), gave the representation a dye of its own in which the individual and his / her criterion offer an own and rupturistic sense in the way of propagating a proselytizing message.

 

Keywords: Story - Representation - Body - Subjection

 

En el contexto del Renacimiento europeo, la Iglesia Católica se enfrentó al poder burgués a través del dominio de los sectores populares. La intención del catolicismo era propagar el mensaje cristiano y es en este marco que encontró como modo de resistencia una forma de instalar su discurso: representar el relato bíblico de una manera clara y accesible a una ciudadanía analfabeta en la mayoría de los casos y en otros, poco ilustrada.

 Grandes obras de arquitectura, pintura, música y diferentes ritos funcionaron como vías para la difusión del mensaje cristiano.

La imagen de Cristo y su Calvario tuvo un modelo oficial. Este modelo fue impuesto y desarrollado por artistas bajo el mecenazgo de la Institución que consagró una imagen puertas adentro como así también, una imagen para los sectores populares. Un Cristo estándar, donde la imagen, el relato y la liturgia explicaron el camino a la salvación de las almas.

Para dar cuenta de las afirmaciones que preceden, tomaremos como marco teórico la propuesta de David Le Breton, en su obra Antropología del cuerpo y Modernidad. Es en este trabajo donde el autor fortalece la idea de que “para que la individuación a través de la materia, es decir a través del cuerpo, sea aceptable en el plano social habrá que esperar el desarrollo del individualismo.”(Le Breton, 1995: 29). De aquí que en el presente escrito  se analizarán distintas formas a partir de las cuales los artistas tomaron el relato oficial para sí y este relato alcanzó así un nuevo significado.

Este análisis se servirá de tres variables: los ritos populares dentro y fuera de los templos, la escultura y la pintura, en tanto, es en el interior de estas prácticas donde se visibiliza, a partir de la cotidianeidad, el uso de las mismas como medio de propaganda en aquella época.“La civilización medieval, e incluso la renacentista, es una mezcla confusa de tradiciones populares locales y de referencias cristianas. Se trata de un 'cristianismo folklorizado'”. (Le Breton, 1995:29)

En el marco de estas celebraciones populares, dentro de los ritos impuestos por el catolicismo, podemos observar el Via Crucis como una teatralización. Teatralización donde lo sagrado de las escrituras se vuelve popular. El relato bíblico vedado para el vulgo por no tener acceso a la lectura, fue representado, en un principio, en los muros o vitraux de las iglesias o catedrales. Esta expresión de fe supo ser “actuada” por los representantes del Clero. La máxima autoridad presente toma la iniciativa portando una cruz, crucifijo o similar y encabeza el camino. Este camino está limitado en una serie de “estaciones”. El cortejo se detiene y se lee el versículo que explica cada momento en el peregrinaje. Se lo conoce como La Pasión de Jesucristo.

Para Le Breton, “los santos y las reliquias, son figuras que sirven para interceder, para recordar, fórmulas de fidelidad a Dios en torno a las que comulga la colectividad.”(Le Breton, 1995: 36)

En este tipo de “teatralizaciones” pueden observarse situaciones que atraviesan el límite de lo simbólico, al punto que los mismos participantes llegan a lastimar su cuerpo emulando a Cristo como una manifestación de fe. (Somos Católicos, 2016).

Otro relato bíblico teatralizado que se representa en la Semana Santa, es el llamado “Lavado de Pies”. El sacerdote ubica en un lugar visible a doce personas elegidas de la comunidad y procede al lavaje; según el Evangelio, Jesús lava los pies de sus discípulos dando un mensaje rector: la humildad no solo se imparte como teoría, sino también se practica.

En ambos casos aquí expuestos, la representatividad es un acto que se manifiesta a través de la actuación; lo doctrinario se hace visible, se muestra a la comunidad y se comparte.

 

Desnudo

 

En el Renacimiento, Miguel Ángel realiza una de sus obras más emblemáticas: El David. A partir de una sola pieza de mármol, el artista esculpe un cuerpo desnudo del personaje bíblico.

 

“David” Miguel Ángel Buonarroti

                          

Figura 1

 

  El Antiguo Testamento narra la historia de un pastor que decide batirse con un guerrero de dimensiones considerables al que ningún soldado quería enfrentar. Valiéndose de una onda, el joven lo derriba, toma la espada del contrincante y le da muerte.

Esta escultura (Figura 1), da cuenta de esta escena: de cómo un simple pastor pone en juego su propia vida frente a su pueblo y a su rey. También pone a prueba su fe y en entredicho la existencia de Dios, su cultura y la de su nación: todo esto para el escultor sucede en una figura desnuda. Para el artista, el sujeto pone a prueba su vida “desnudo”. Miguel Ángel toma para sí el relato; lo representa y lo expone.

En la Plaza Signoria de Florencia, Italia, la comunidad podía encontrarse con una versión artística de un hecho bíblico, la representación de un relato y el observador participa activamente apropiándose de ese relato a partir de su propia interpretación.

 

La Propia Imagen

 

“Al auge del cristianismo le corresponde un rechazo del retrato vinculado con el temor de que la aprehensión de la imagen del hombre fuese la del hombre mismo. El retrato no es percibido como un signo, una mirada, sino como una realidad que permite aprehender a la persona” (Le Breton, 1995:42)

En el campo de lo pictórico, la Iglesia también marcó un camino. La imagen de Cristo se oficializó en un mismo parámetro. Un hombre delgado, cabello largo, barba negra, de estatura mediana, que solía ser representado en distintas situaciones dentro del relato bíblico. Temas relacionados con la Crucifixión, la Pasión, los “Milagros de Jesús” suelen ser algunos de los más difundidos. El salvador que está en el centro de la escena,  que bendice, que está sufriendo maltrato, que es traicionado; el hombre que acepta su destino de una manera pasiva, que está con los que sufren, que es uno de ellos.

Pero por dentro de esta corriente, en el Renacimiento surgieron artistas rupturistas que tomaron para sí el relato y lo modificaron para mostrar un lado no oficial.

La única frontera admitida por los hombres del renacimiento es la del mundo” (Le Breton, 1995:40).

Michelangelo Caravaggio fue quien representó en sus pinturas el relato oficial de la Iglesia de una manera no tradicional; su imagen de Cristo no correspondió al modelo de esa época: la forma de contar las escenas del Evangelio tuvieron un alto grado de simbología que atravesó lo popular.

 

“Los Discípulos de Emaús” Caravaggio, M.

Figura 2

 

En “Los Discípulos de Emaús” (Figura 2), se representa a Cristo cenando en una mesa de dimensiones mínimas, acompañado de otros comensales. Hay un ave como alimento y una frutera; una silla en primer plano que por sus características corresponde al periodo del Renacimiento y no a la época del mismo Jesús. Los que secundan llevan ropas que coinciden con el “Quattrocento” y como hecho más que relevante, la falta de barba en el rostro del personaje central. Esta imagen está lejos de ser una imagen tradicional. Es una imagen de “época”.

La manera de contar está siempre ligada a una intencionalidad, lejos de las objetividades, representar tiene en su corpus una intención dirigida. La iglesia que vio como una manera de crecer y ganar poder en los sectores vulnerados, resistió al poder monárquico, burgués o feudal utilizando las armas del relato dogmático. La vida que el vulgo conocía podía resignificarse gracias a la fe. Esta resignificación de la vida terrenal le daba lugar a una mejor luego de la muerte; el sufrimiento de los pobres y desclasados terminaría dando lugar al paraíso.

Pero para este trabajo se necesitaba del artista, que tenía la misión de simbolizar las intenciones: aquellos que actúan, esculpen, pintan o dibujan cuentan algo; algo que les piden que cuenten o algo que quieren contar y esta intención es un poder que cuenta, que resiste y ataca, que crea estructuras, busca convencer y propagarse; aunque los ejecutores, los artistas, en el Renacimiento ejercieron con su arte una ruptura que los liberó de la sujeción de sus mecenas en donde “la única frontera admitida es la del mundo”.

Bibliografía

 

Le Breton, David, Antropología del cuerpo y la  modernidad. Trad. Paula Mahler, Buenos Aires: Nueva Visión: 1995. 

Católicos Somos, Top 4 Viacrucis más fuertes del mundo Semana Santa 2017. En: https://www.youtube.com/watch?v=RyWVWoBC8TI.  Visitado en Julio 2017