El género del retrato como protagonista del camino a la modernidad. Análisis del cuadro El Hombre del Turbante Rojo de Jan Van Eyck.

Juan Iñigo (Instituto de Enseñanza Superior N°1 Dra. Alicia Moreau de Justo).

checo16@hotmail.com

 

Resumen

Hasta comienzos del siglo XV se admitía que, en una obra de arte, el autor pudiera integrarse en ella de un modo más o menos disimulado, pero con la aparición del retrato independiente, se da paso a la curiosidad del autor sobre su individualidad. El Hombre del turbante tojo es una pintura de mirada, y se suele decir que este es el primer retrato de la tradición moderna que nos mira directamente a los ojos, rasgo que en los siglos siguientes se convertirá en característica distintiva del retrato y el autorretrato. Por otro lado, y como fundamento de este paso de la edad Media a la Moderna, si se observa el fondo del cuadro, este sigue siendo negro; pero la figura del retratado emerge de una manera muy notable y en colores, dándonos una sensación de naturalidad y de cercanía difícilmente conseguibles en otros retratos vistos hasta esa época. Otro paso fundamental entre la Edad Media y La Modernidad, estuvo dado por el paso de esta obra la hice yo, a esta obra soy yo. Es en este momento donde el retrato adquiere una importancia mayúscula y sobre todo en la pintura, se convierte en el modo de conocer a la persona.

Palabras Clave: Modernidad - Individuación - Cuerpo - Rostro

Until the beginning of the 15th century it was admitted that, in a work of art, the author could be integrated into it in a more or less disguised way, but with the appearance of the independent portrait, it gives way to the curiosity of the author on his individuality. The man with the Red Turban is a painting of gaze, and it is often said that this is the first portrait of the modern tradition that looks directly into our eyes, a trait that in the following centuries will become a distinctive feature of portraiture and self-portrait. On the other hand, and as the foundation of this passage from the Middle Ages to the modern, if you look at the bottom of the frame, it is still black; but the portrayal emerges in a very remarkable and coloured manner, giving us a sense of naturalness and closeness hardly achieved in other portraits seen until that time. Another fundamental step between the Middle Ages and modernity, was given by the passage of this work I did, to this work is me. It is at this moment that the portrait becomes a capital importance and especially in the painting, it turns into the way of knowing the person.

Keywords: Modernity - Individuation - Body - Face

 

¿Te propones arrastrar de nuevo tu cuerpo por ti mismo?

Friedrich Nietzsche.

A manera de introducción

El paso de la Edad Media a la Edad Moderna fue provocado por grandes cambios en la mentalidad de la época. Éstos generaron a su vez cambios políticos, socioeconómicos, culturales y religiosos.

E1 origen del “dualismo contemporáneo”, que comenzó a considerar al cuerpo como una posesión arbitraria del hombre completamente despegada del ser, fue uno de estos grandes cambios. Es esta misma dualidad que ha prevalecido como símbolo, representación y existencia del cuerpo en la cotidianeidad humana hasta la actualidad.

En palabras de Le Breton: “esta visión renacentista desapegó al cuerpo orgánico del ser y lo convirtió en un objeto de estudio divisible, diseminado y desarticulado” (Le Breton, 2002: 84). Este proceso se profundizó con la filosofía cartesiana, que colocó al cuerpo como un instrumento del pensamiento y a las pasiones humanas como un efecto de la maquinaria de ese cuerpo transgredido por ciertos espíritus animales.

La separación de lo que ya existía y las ansias por conocer y aprender fueron los principales motores para el cambio de lo Medieval a lo Moderno. Lo fundamental de este proceso, fue su tendencia a la universalidad y su capacidad de expresar valores adecuados a un tipo de sociedad en desarrollo dinámico y acelerado.

Siguiendo en este camino de grandes cambios de paradigma, el arte alcanzó realizaciones muy profundas. Por ejemplo, se legitimó, por primera vez en muchos siglos el valor autónomo de la obra y al mismo tiempo, se produce la consideración social del artista y se configura el nuevo papel del arte en la sociedad.

 

 

Cuerpo, Retrato y Modernidad.

 

Un hombre se propone la tarea de dibujar el mundo. A lo largo de los años puebla un espacio con imágenes de provincias, de reinos, de montañas, de bahías, de naves, de islas, de peces, de habitaciones, de instrumentos, de astros, de caballos y de personas. Poco antes de morir descubre que ese paciente laberinto de líneas traza la imagen de su cara.

Jorge Luis Borges

 

La consideración del cuerpo en la modernidad modifica la significación del rostro. En este momento histórico, se deja de privilegiar a la boca y son los ojos los que se benefician con la creciente cultura del Renacimiento.

Sumado a estas cuestiones, resultaba fundamental la idea de que el hombre era la obra más perfecta de la creación. Frente al teocentrismo medieval, el nuevo pensamiento humanista es antropocéntrico y la figura humana se convierte así en el principal centro de atención

Se consideraba el cuerpo humano como exterior al mundo que lo rodea, como estructura de carne y hueso. El individualismo, es decir la afirmación del “yo” se vuelve una forma superior a la de “nosotros”. El individuo ya no está en una fórmula de subordinación al grupo: afirma su singularidad, su independencia de pensamiento y se siente el responsable de su historia.

El cuerpo permite y confirma la diferencia individual y ésta es coronada por el rostro. El rostro se vuelve cada vez más “el espejo de los movimientos del alma”. El individualismo afirma la aparición del hombre encerrado en el cuerpo y lo hace a través de la epifanía del rostro.

En el marco de las concepciones explicitadas, me propongo, entonces, dar un breve panorama sobre cómo en el Siglo XV el retrato individual se convierte de forma significativa en una de las primeras fuentes de inspiración de la pintura, cambiando la tendencia de no representar a la persona humana establecida durante la edad media.  Para este análisis, voy a tener como punto de referencia al cuadro El Hombre del Turbante Rojo de Jan Van Eyck.

El Hombre del Turbante Rojo

Jan Van Eyck nace en Maaseyck, actual Bélgica en el año 1390 y muere en Brujas en el 1441. Artista encuadrado dentro de los llamados “Pintores Flamencos” sigue siendo considerado, hoy, sin duda, uno de los grandes maestros de la pintura. Durante mucho tiempo se le atribuyó la invención de la técnica pictórica del óleo, pero en la actualidad se piensa más bien que la llevó a unos niveles de perfección elevadísimos, desconocidos antes de él.

Hasta comienzos del siglo XV se admitía que en una obra de arte, el autor pudiera integrarse en ella de un modo más o menos disimulado, pero con la aparición del retrato independiente, se da paso a la curiosidad del autor sobre su individualidad.

En El Hombre de Turbante Rojo se puede ver esto muy claramente, al punto que existen algunas teorías que hablan de esta obra como un autorretrato del autor.

El Hombre del Turbante Rojo (1433)

Jan Van Eyck.

Si bien, todavía se sigue mirando a la antigüedad, no es por su realismo. En cierto sentido se sigue bajo una tutela religiosa, pero la diferencia está en la variable de la mirada centrada mucho más cercana a lo laico. Debido a esto, las obras son más realistas y menos simbólicas y en donde el hombre busca acercarse a Dios sin intermediarios.

En el cuadro se pueden ver de forma explícita técnicas relacionadas al “Realismo Renacentista”; estas variables están dadas por su capacidad de descripción del rostro, lo que nos permite conocer al individuo concreto mediante la descripción objetiva de lo que “ve”.

En este sentido escribe Tzvetan Todorov:

...cambia no sólo el contenido o el estilo de la imagen, sino incluso su propio estatus: ante todo, la pintura ya no debe transmitir un sentido ni mostrar una actitud, sino que muestra lo que ve, se convierte en un arte de la visión. Ahora bien, mostrar el objeto tal y como lo vemos supone mostrarlo en su individualidad (Todorov, 2006: 26)

 La mirada del artista en un principio objetiva y laica, es la que mejor se adapta para describir lo que “ve”. El proceso necesario para que esta nueva percepción del individuo se consolide, justifica la coincidencia de los retratos que mantienen, con un alto grado de importancia, el protagonismo exclusivo al autor. Punto que se cumple cabalmente en la obra de Van Eyck.

El Hombre del Turbante Rojo es una pintura “de mirada”, y se considera que es el primer retrato de la tradición moderna que “nos mira” directamente a los ojos, rasgo que en los siglos siguientes se convertirá́ en característica distintiva del retrato y el autorretrato. Por esto, y como ya dijimos anteriormente, muchos historiadores han querido identificar esta pintura como el autorretrato del pintor.

En estas condiciones es cuando, aparentemente, tiene lugar la aparición de derivaciones del retrato, por ejemplo: el autorretrato. Sin duda, la curiosidad científica de la época y la percepción de su propia individualidad, conducen al artista a mirar con “ojos nuevos” todo lo que lo rodea, empezando por su misma persona.

Cabe destacar que para que aparezca el autorretrato como tema, tiene que desaparecer el “cliente” (quienes encargaban las pinturas) y la conciencia del individuo debe transformarse para afirmar la autoría de la obra. Otro paso fundamental entre la Edad Media y La Modernidad, estuvo dado por el paso de “esta obra la hice yo, a esta obra soy yo”.

Podríamos resumir que el autorretrato se define como un retrato hecho de la misma persona que lo pinta.  Es uno de los ejercicios de análisis más profundos que puede hacer un artista. Implica preguntarse sobre el rostro y conocerse hasta tal punto que la expresión que tenga en ese momento se traduzca en el dibujo o la pintura que aborda. Pero a la vez, un autorretrato no necesariamente implica un género realista.

Me parece importante pensar que la posibilidad de contemplar al individuo en su singularidad y reflexionar sobre cómo el tiempo hace que todo desaparezca, proporciona un valor singular al momento presente, lo cual fue el objetivo de estos retratos. El autor al representar la propia individualidad, adquiere la categoría de “tema” y su protagonismo se potencia hasta el punto que desde ese momento histórico se habla del “autorretrato independiente”.

Ultimas consideraciones

Cuando comienzas una pintura es algo que está fuera de ti. Al terminarla, parece que te hubieras instalado dentro de ella.”

Fernando Botero

En este “camino” hacia la modernidad, el hombre “vuelve” el ojo hacía sí mismo, deja de mirarse siempre en relación a un Dios, para “ver” quién es como singularidad. Categorías tales como “persona”, “personalidad” y  “personaje” empiezan a ser conceptos para definir al hombre y éste, pasa a ocupar un lugar central en su propia interpretación como “centro del mundo”.

Es en este momento histórico en donde el término “retrato” comienza a ser considerado como imagen de la persona. Así también, el retrato adquiere una importancia mayúscula y sobre todo en la pintura, convirtiéndose en el modo de “conocer” a la persona.

Al mismo tiempo, es necesario aclarar que fracasaríamos al asegurar que sabemos exactamente qué pensaban las personas por el solo hecho de mirar sus retratos. Además, si basamos nuestra idea de retrato en reivindicaciones actuales que no tienen nada que ver con la lógica del Renacimiento de las artes en plena modernidad, pondríamos en riesgo el análisis realizado en este trabajo.  Es importante destacar que, quien se retrataba en la modernidad, de cierta forma quería reivindicarse como persona autónoma a través de la representación de sus rasgos.

El análisis de El hombre del Turbante Rojo me permitió establecer (siempre dentro de la lógica de la transición entre la Edad Media y la Modernidad) que toda representación en la que un humano se “ve” de una manera en particular, independientemente de si está o no en un orden inferior a las ideas religiosas, políticas o de otro tipo, constituye un elemento de reivindicación como individuo por sobre todo lo existente.

Además, entiendo que toda decisión personal suele estar atravesada por intereses, pasiones, búsquedas, temores, deseos, inquietudes, etc. Este interés del autor por un aspecto determinado de la representación de una imagen, explicita y pone de relieve sus inquietudes más íntimas.

Desde hace un tiempo hasta nuestros días se dice que “Todo es arte”. Mis argumentos son precarios para contradecir esta sentencia contemporánea. Simplemente creo que la modernidad nos legó una nueva forma de “mirar” y que esta postura va cambiando de acuerdo a quién es el individuo que ejerce esta acción. Ante estas cuestiones y más interrogantes, me apoyo en esta frase de Ludwig van Beethoven:

Debería haber un gran almacén de arte en el mundo al que el artista pudiera llevar sus obras y desde el cual el mundo pudiera tomar lo que necesitara.

 

Bibliografía

Le Breton, David, Antropología del cuerpo y la  modernidad. Trad. Paula Mahler, Buenos Aires: Nueva Visión: 2002. 

Todorov, Tzvetan, Elogio del individuo. Ensayo sobre la pintura flamenca del Renacimiento. Trad. Noemí Sobregués. Barcelona: Galaxia Gutenberg Círculo de Lectores, 2006.

VV. AA, Artistas del Renacimiento. Editorial San Pablo, Buenos Aires, 2008.

VV. AA, El retrato, Madrid. Electa, 2000.